Seguro que todas las madres, sobre todo aquellas de niños más pequeños, estamos preocupada por la llegada del frío y, como consecuencia, de los síntomas de la piel atópica.

Para ayudarte en su tratamiento, vengo a hablarte de las causas que originan el problema, para que puedas evitarlas.

En muchas ocasiones, sabemos diferenciar las primeras señales de que llegan los picores.

Pero, como nuestros bebés no pueden hablar para decirnos lo que les pasa, no siempre resulta tan sencillo y siempre hay que estar muy alerta.

Si su dermis comienza a secarse, hay que tomar medidas de inmediato. Pero tampoco es necesario esperar hasta ese punto, sobre todo ahora que nos adentramos en el otoño, comienza la época de lluvia y cada vez bajan más las temperaturas.

La precaución es esencial para evitar este mal trago, tanto para los pequeños, que sufren y necesitan rascarse, como para nosotras, que lo pasamos mal al verles a ellos y no poder decirles que todo va a estar bien.

Una cosa que debes tener muy clara es que esto no es por tu culpa. Como veremos, la dermatitis es una afección crónica. Muy molesta, cierto. Pero que se puede paliar.

Por lo que lo primero que debes hacer es respirar y tener en mente que tu bebé no tiene por qué sentir estas molestias siempre.

Para evitar que paséis por esto, os voy a hablar de los remedios que mejor me han funcionado a mí.

Como ya he tenido que pasar por esta situación dos veces, estoy preparada para compartir lo que he ido aprendiendo durante estos años. Ojalá te sea de ayuda.

De las causas a las primeras señales: todo lo que debes saber

Cuando tengamos algún problema cutáneo, lo primero que conviene hacer es informarnos al respecto. De esta manera, podremos identificar sus síntomas desde el comienzo y, así, luchar de forma más eficaz contra ellos.

En este caso concreto, es especialmente importante, ya que un diagnóstico prematuro ahorra muchas molestias a nuestros hijos.

Además, dado que ellos no pueden saber todavía lo que les ocurre, esa responsabilidad cae en nosotras.

Por tanto, voy a responder a las principales preguntas que solemos tener las madres cuando nos enfrentamos a la piel atópica en los más pequeños.

De esta manera no te quedará ninguna duda y estarás lista para ponerte manos a la obra con los tratamientos.

¿Qué es la piel atópica en realidad?

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La dermatitis atópica es un problema relacionado con el alto nivel de sensibilidad que tiene la piel, que queda así más vulnerable frente a factores externos físicos, químicos y a otros elementos, como las cuestiones emocionales.

Esta falta de protección hace que se resienta frente a elementos externos y que pierda humedad con mayor velocidad. Es decir, que se queda seca y comienza a presentar xerosis.

El resultado de esta falta de hidratación es que acaba perdiendo elasticidad, por lo que a partir de ese momento se romperá con mucha más facilidad ante cualquier cambio.

Pero es que, además, se suele irritar y presentar un aspecto enrojecido, que es lo que genera molestias y una imperiosa necesidad de rascarse.

Sin embargo, esto es una trampa, pues ese alivio temporal solo sirve para inflamar más la zona e incluso para hacer que se llegue a infectar.

Vamos, que este comfort momentáneo empeora el estado de la dermis y hace que nuestro bebé entre en un terrible ciclo de dolor y rascado, que a su vez hace que la piel se deteriore y presente un aspecto muy desmejorado e incluso envejecido.

¿Cómo reconocer sus síntomas?

Aunque ya te he dado las claves en el punto anterior, vamos a profundizar más en las señales de que nuestro hijo está padeciendo este problema, para poder frenarlo de raíz.

Ten en mente que a partir de los dos meses de edad ya se suelen dar las primeras molestias relacionadas con la dermatitis y que, por eso, es importante que sepamos reconocerlas.

En su punto más álgido, e incluso en los momentos previos, es fácil de reconocer, pues se nota la piel descamada, el área de un tono rojo y hasta pequeñas heridas, causadas por el propio niño al rascarse.

Lo importante es estar atenta a los primeros indicios. Para eso, tienes que palpar su cuerpecito a diario y ver si hay algunas áreas con la dermis más dura o rugosa al tacto, ya que esto nos indicará que la zona está más seca y necesita cuidados específicos.

En concreto, fíjate bien en las zonas colindantes a las rodillas y los pliegues de los codos, que por sus características propias son las primeras en verse afectadas.

A su vez, en los primeros meses de vida suele ser habitual que se vuelvan rojas o salgan erupciones en las mejillas, la frente e incluso el cuero cabelludo.

Otras veces no es tan sencillo de reconocer a simple vista, de manera que fíjate bien en si tu pequeño intenta rascarse con cierta frecuencia o si llora más de la cuenta sin que tengas claro el motivo.

Estas dos pueden ser señales de que la dermatitis está comenzando a hacer acto de presencia y que debemos actuar cuanto antes.

¿Qué fases tiene y cómo distinguirlas?

Además de los primeros síntomas, una vez comienza a producirse la piel atópica, podemos encontrar dos fases diferenciadas de la misma, que requerirán cuidados distintos.

  • La primera -el interbrote- es la inicial y se manifiesta a través de sequedad y de un aspecto descamado de la dermis. En este punto, los productos cosméticos son el mayor aliado a la hora de impedir que vaya a más.
  • En la segunda, también denominada brote, las molestias van a más. Se aprecia la piel con un aspecto más desmejorado y el niño sufre picores constantes, que tendrán que ser calmados con cremas especializadas.

Por eso, a su vez suele ser habitual que el especialista decida acudir a algunos medicamentos de uso tópico que ayuden a reducir la inflamación.

¿Cuál es el motivo de que la piel reaccione de esta forma?

Como consecuencia de la vulnerabilidad de la dermis, esta queda sumamente expuesta ante todos los elementos externos e internos. Pero, ¿a qué se debe esta alta sensibilidad?

La clave reside en la composición lipídica, que tiene una gran carencia de ceramidas, que es lo que desencadena el resto de problemas y reacciones.

Esto se debe a que se trata de un compuesto esencial para el correcto mantenimiento de la dermis.

Situado en los lípidos intercelulares, es el encargado de impedir la sequedad de los tejidos subcutáneos y de mantener la cohesión entre las células del organismo.

¿Por qué se suele generar esta alteración?

En cuanto a los motivos por los que se produce la piel atópica, por desgracia no son cuestiones que podamos controlar, dado que está estrechamente relacionada con los factores genéticos.

Es decir, que es hereditaria. Por eso, si tu hijo es biológico, es importante que pienses si se han dado otros casos de dermatitis en tu familia, sobre todo en los miembros más cercanos.

Además, otro elemento que no podemos pasar por alto es que se trata de una alteración crónica, lo cual quiere decir que no será una afección temporal ni que con un tratamiento adecuado vaya a poder desaparecer con el tiempo.

Al menos, eso así en el caso de los adultos (un 3% de la población mayor de edad tiene problemas de piel atópica).

Pero en los bebés, el 15% sufre esta afección de pequeños, pero luego los síntomas se atenúan con los meses.

E, incluso, el problema puede llegar a desaparecer en algún punto de su desarrollo, normalmente antes de que entre en la pubertad.

Aunque, de todas formas, no conviene confiarse y hay que estar preparada para tratarla por lo que pueda suceder, ya que siguiendo una serie de sencillas pautas que luego veremos puedes ahorrarle esos molestos picores y conseguir suavizar de manera notable los síntomas.

El motivo de que sea más común en niños pequeños es que su piel es un 30% más fina que la nuestra.

Además de que posee un pH más básico y produce una cantidad de melanina y sebo mucho menor durante los primeros meses de vida. Como resultado, está menos protegida.

¿Qué otros factores influyen en ella?

frio

Más allá de su origen y de dónde deriva la afección, tampoco hay que perder de vista que existen ciertos factores que pueden agravarla o, al menos, empeorar los síntomas.

Uno de los más frecuentes es el clima, entendido en un sentido amplio. Las temperaturas extremas (como el frío que hace en invierno), la falta de humedad en el aire, la polución o el polvo en la estancia son desencadenantes de la dermatitis.

A su vez, los productos para su cuidado corporal -como geles o champús- con formulaciones agresivas o compuestos peligrosos son bastante dañinos, mientras que una higiene excesiva también daña la piel y genera que aparezcan los picores.

En esta línea, cuestiones internas como una falta de ácidos grasos esenciales en su organismo o la sensación de agobio agravan todavía más el problema.

Por culpa de esto último, la angustia generada por no poder rascarse aumenta a su vez las propias molestias, generándose un círculo vicioso del que resulta difícil salir.

¿Tiene la dermatitis efectos secundarios o algún tipo de riesgo para mi hijo?

Al ser tan pequeños ellos y nosotras en muchas ocasiones madres primerizas, es normal que cualquier cosita nos agobie y que veamos cada llanto suyo como la señal de un potencial peligro.

En este caso puedes estar tranquila, ya que no existen grandes riesgos asociados a la piel atópica.

Lo más grave que le puede pasar es que sufra por culpa de los picores y la ansiedad de no saber cómo hacer que paren y, por suerte, existen soluciones para ayudarle con esto.

Después está el hecho de que su dermis quede dañada, irritada y con heridas, pero de nuevo es fácil conseguir que vuelva a su estado sano inicial.

Quitando esto, no hay ninguna consecuencia seria por la que debas preocuparte. Ni a corto, ni a medio ni a largo plazo tu bebé estará en riesgo o sufrirá problemas derivados de la dermatitis.

Respecto a los efectos secundarios, no hay ninguno, aunque sí existe una estrecha relación entre la piel atópica y los problemas de alergia. Si una persona sufre de uno, es probable que en algún momento le afecte el otro.

Por ello, es muy importante que estés pendiente de los síntomas asociados, como pueden ser la conjuntivitis, la congestión nasal o la bronquitis asmática.

Si notas alguno, llama cuanto antes a su pediatra, pues tendrá que ser él quien valore cómo proceder en ese caso, por si fuera necesario realizarle unas pruebas que determinen qué le generan esa reacción o mandarle medicación.

Los tratamientos adecuados para cuidar a nuestros hijos

Ahora que ya sabemos por qué se produce la dermatitis, cuáles son las primera señales de que va a hacer acto de presencia y a qué se debe que comiencen los picores, podemos enfrentarnos a ella con más posibilidades de ganar la partida.

Teniendo todo lo visto hasta ahora en mente y con la calma de que no es un problema peligroso, vamos a hacer un repaso por las mejores soluciones con la que puedes calmar las molestias de tu bebé y cuidar a fondo su piel.

¿Qué medidas de precaución puedo tomar?

Lo primero que conviene que hagamos es seguir una serie de pautas que, de entrada, evitarán que los indicios vayan a más y que se produzcan los picores en un primer momento.

Es decir, que la prevención será una gran manera de reducir los problemas de la piel atópica y de disminuir la virulencia con la que aparezcan sus síntomas después.

Para ello, podemos seguir las siguientes medidas:

Evita las temperaturas extremas. Ya lo hemos visto: los climas muy cálidos o muy fríos son peligrosos. Por ello, tienes que proteger bien a tu hijo cuando salgáis a la calle, sobre todo ahora en invierno.

Usa ropa de abrigo con varias capas que luego puedas quitarle en interiores con calefacción y no te olvides de los guantes, ya que las manos son unas zonas muy delicadas.

No te pierdas: Piel atópica en manos: cómo tratarlo

En general, la temperatura ideal para ellos debe rondar en todo momento los 21 grados, así que no pierdas esto de vista.

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Usa prendas de ropa adecuadas. La vestimenta será muy importante, pues debe ser suficientemente calentita como para que no pase frío al mismo tiempo que permite que transpire.

Y es que la sudoración excesiva irrita mucho la dermis, por lo que debe evitarse. Por eso, el mejor material es el algodón.

En el lado contrario, evita las prendas fabricadas con lana (que encima puede picar) o con materiales sintéticos como el nylon.

Además, cuando las laves debe ser con jabones neutros y sin abusar de los suavizantes, que ni siquiera son necesarios. También es recomendable que le des un aclarado extra.

No te olvides de la protección solar. Un error habitual en estos meses nublados, lluviosos y fríos es olvidar que el sol sigue siendo tan peligroso como siempre y que sus rayos directos pueden ser muy nocivos para la dermis.

Por eso, aunque en otoño e invierno resulte más difícil quemarse, no pierdas de vista que la piel de los bebés es muy delicada y que siempre que salgáis a la calle debe ser tras haberle echado protector solar.

Huye del humo. Que el ambiente en el que esté el bebé sea sano es fundamental. Por ello, no podemos permitir que nadie fume cerca del pequeño.

Tampoco conviene pasear por áreas en las que haya demasiada contaminación, ya sea por culpa del humo del tráfico o porque haya fábricas demasiado cerca.

Apuesta por la limpieza. En la línea de lo anterior, también tienes que cuidar mucho el estado en el que se encuentra tu casa y, en especial, la habitación de tu hijo.

Debes barrer a diario y evitar aquellas plantas que le provoquen alergia, si ese es su caso.

Tampoco conviene que tengas alfombras o moqueta, pues acumulan mucho polvo.

En ese sentido, los ventiladores tampoco son recomendables, pues además de que el aire directo puede hacer que se resfríe, se dedican a mover y esparcir las partículas de polen o los ácaros a lo largo de toda la estancia.

Otro detalle a tener en cuenta es que hay que ventilar todos los días, sobre todo en estos tiempos pandémicos. Con 15 minutos es suficiente y siempre hay que hacerlo en las horas en las que los niveles de polen están más bajos.

Por supuesto, ahora en invierno no debes ventilar ninguna estancia si el niño está dentro, ya que esto podría hacer que se acabe poniendo malito.

higiene bebe

Cuida su higiene. A la hora de duchar al pequeñín, no debes hacerlo con el agua demasiado caliente o fría, ya que esto puede alterar la piel.

Tampoco conviene que sean baños demasiado largos ni que utilices elementos como esponjas, dado que podrían resultar demasiado agresivos con su sensible dermis.

Asimismo, busca geles y champús diseñados para pieles muy sensibles, que no contengan parabenos, irritantes o un exceso de conservantes en su formulación.

Además, puedes sustituirlos por aceites de origen natural, que son más suaves con la piel al mismo tiempo que aportan más hidratación, ya que tienen mayor porcentaje graso en su composición.

Después, a la hora de secarlo, emplea una toalla suave de algodón y nunca la arrastres por su cuerpo. Lo ideal es que le des pequeños toquecitos hasta que haya absorbido toda la humedad.

Vigila su nivel de hidratación. Debido a que la dermatitis está directamente ligada a la falta de nutrición de la piel, es importante que tu bebé no quede deshidratado.

Para evitarlo, tienes que controlar que beba agua a diario, varias veces a lo largo del día, y siempre a una temperatura adecuada.

Mantén sus uñas cortitas. Por último, pero no por ello menos importante, ya que sabemos que el rascado es el mayor peligro en casos de piel atópica, nada mejor para evitarlos que mantener cortas las uñas de nuestro hijo.

De esta manera no podrá hacerse lesiones al romper la barrera cutánea de la dermis. Así, no se generarán heridas o infecciones que agraven el problema.

Tampoco está de más que, si está en mitad de un brote serio, cuando duerma o cuando vayáis a salir a dar un paseo con el carrito le pongas unas manoplas, guantes e incluso calcetines para evitar que se acabe haciendo más daño.

¿Existe algún tratamiento recomendado para frenar las molestias?

Además de los métodos de prevención y cuidados, a veces es demasiado tarde y el ciclo de picores ya ha comenzado. ¿Qué podemos hacer en esos casos para proporcionar alivio al bebé y cuidar su piel?

La mejor solución es acudir a las cremas profesionales. Es decir, a productos nutritivos aptos para el uso infantil, pues su aplicación proporciona una agradable sensación de calma que ayudará mucho a tu hijo a soportar las molestias.

Pero es que, además, permiten regenerar la dermis, renovar su barrera de protección cutánea, devolverle la hidratación perdida y hacer que recupere su suavidad natural.

Es decir, que contienen grandes propiedades capaces de frenar los síntomas de la dermatitis.

Solo tienes que asegurarle que sus ingredientes sean principalmente naturales, que cuenten con emolientes y que no contenga sustancias dañinas en su fórmula.

También debes saber cómo utilizarla. Por suerte, es sencillo: aplícala después del baño, porque penetrará mejor sobre la piel húmeda, y realiza movimientos circulares para favorecer su completa absorción.

Repite el proceso a diario y no te preocupes si tienes que aplicarla más de dos veces al día, pues al no tener contraindicaciones no habrá ningún riesgo.

niño piel atopica

¿Tendrá que hacerse pruebas o tomar medicación de algún tipo?

Como ya hemos comentado, la piel atópica tiende a estar estrechamente relacionada con cuestiones de alergia. Por eso, suele ser habitual que en algún punto nuestro hijo tenga que hacerse unas pruebas.

No te preocupes, porque son rápidas y prácticamente indoloras. Además, es importante saber qué elementos evitar, ya sean plantas o comidas (pues ciertas intolerancias alimenticias a veces están asociadas con la dermatitis).

De todas formas, siempre será el médico quien decida si es necesario derivar a un especialista.

Por tanto, en caso de que aparezcan algunos de los síntomas ya mencionados (como asma o rinoconjuntivitis) o que los eczemas empeoren tras las comidas, no dudes en llamar al pediatra de inmediato.

En caso de dar positivo, a veces sí que es necesario que tome medicación. Pero no te agobies, los antihistamínicos suelen ser suaves y, además, son la manera más eficaz de reducir los picores y las molestias.

Quitando el asunto de las alergias, también hay ocasiones en la que los medicamentos hacen falta. A veces, si el brote es especialmente violento o los síntomas no remiten, nos pueden recetar cremas con corticoides.

Estos productos, que se aplican igual que las hidratantes de toda la vida, ayudan a reducir rápidamente la inflamación, la irritación y todo tipo de molestias.

Una vez más, será su médico de cabecera o un dermatólogo quien la recomiende. Nunca acudas a la automedicación, pues esto podría ser contraproducente y, sobre todo, muy peligroso para tu bebé.

Después de todo lo que hemos visto, espero que mi texto te haya servido para comprender mejor qué es esa afección que afecta a tu hijo y qué puedes hacer tú, como madre, para ayudarle.

El único consejo que me queda por darte es que mantengas la calma y que seas paciente. Sé que puede ser desesperante ver al pequeñín pasarlo mal, pero si sigues los consejos que te he dado, seguro que en poco tiempo se recupera.

Ahora que ya sabes cuáles son los síntomas, causas y tratamiento de la piel atópica en los niños, ya no habrá nada que te impida que tu bebé esté perfectamente protegido frente a esta afección.