Cuando se trata de la rutina de cuidado de la piel, es normal que surjan dudas relacionadas con los diferentes pasos a seguir. Y conocer las diferencias entre limpiar y desmaquillar puede acabar convirtiéndose en un paso imprescindible, sobre todo a la hora de hacerlo correctamente.

La piel es constantemente atacada por los distintos elementos externos; desde la polución al polvo, pasando por la transpiración y el exceso de sebo. Por ello requiere de un cuidado especial para eliminar las toxinas que se acumulan en la epidermis a lo largo del día.

Además, debemos tener en cuenta que, de forma natural, también tienden a acumularse células envejecidas y muertas. Si bien es cierto que nuestra propia piel es capaz de eliminarlas por sí misma, cuando llegamos a cierta edad este proceso se ralentiza, o se vuelve menos efectivo.

¿Resultado? Las células muertas se empiezan a acumular, y se combinan con el resto de elementos externos mencionados anteriormente. Debido a ello, es común que la ausencia de una limpieza facial adecuada, incida en la aparición de parches resecos y deshidratados.

Debido a ello, seguir un buen régimen de belleza es fundamental. Y, como señalan muchos dermatólogos y expertos en belleza, el régimen debe empezar siempre por la limpieza facial.

Esto se debe a que, sin una limpieza profunda, completa y adecuada, el resto de productos usados en la rutina podrían no penetrar tan fácilmente en la piel, pudiendo incluso no actuar ni servir absolutamente para nada.

Pero debemos ir por partes, ya que, aunque la limpieza facial sea el primer paso a seguir, no hay duda que el desmaquillado debe ir primero, ya que, en este caso, la limpieza ayudará a retirar los restos que hayan podido quedar aún.

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¿Qué es la limpieza facial? ¿En qué consiste?

El rostro es una de las zonas del cuerpo donde la piel tiende a ser más fina y delicada. No solo eso, también se convierte en una de las áreas más expuestas a las agresiones ambientales diarias, como la contaminación, polvo, rayos ultravioleta o los cambios de tiempo (calor o frío).

En contacto con las impurezas e irritantes, la piel ya vulnerable puede acabar volviéndose aún más frágil y delicada. Y ello puede influir en que se vuelva opaca, seca y propensa a las imperfecciones.

De ahí que la limpieza facial sea un gesto clave a la hora de luchar contra todos estos efectos nocivos, puesto que al eliminar las impurezas y toxinas acumuladas, evita la formación de un molesto filtro opaco en la superficie del rostro. Y elimina los residuos que podrían taponar los poros, o provocar reacciones.

Contribuye así a la hora de preservar la luminosidad natural del cutis, y prevenir la aparición de espinillas o puntos negros y rojeces.

Debido a ello, la limpieza facial es una parada obligatoria tanto por la mañana como por la noche. Al levantarnos, la limpieza ayuda a eliminar las células muertas, el sebo y el sudor que también tienden a producirse a lo largo de la noche.

Y, antes de irnos a la cama, ayuda a liberar la piel de bacterias, suciedad, impurezas y maquillaje (si lo usas), preparándola para el descanso y favoreciendo con ello una mejor regeneración.

¿En qué consiste el desmaquillado?

Como el paso anterior, el desmaquillado se convierte también en otro elemento imprescindible de la rutina, ya que es fundamental a la hora de disfrutar de una piel muchísimo más saludable, limpia y joven.

Es más, son muchos los expertos que la consideran como el paso más importante de la rutina de belleza para el tratamiento del rostro, destacando así por el hecho de ser el primer paso de la rutina, antes de la limpieza.

Generalmente, es necesario desmaquillarse la piel todas las noches, siempre que te hayas aplicado algún desmaquillante en el rostro a lo largo del día.

Esto se debe principalmente a que los residuos de maquillaje pueden terminar taponando y obstruyendo los poros, formando una película en la piel que, a la larga, puede influir en la formación de mayor cantidad de sebo y, con ello, la aparición de brotes de acné.

Y, lo que es también importante, puede ser de mucha utilidad para evitar la aparición prematura de arrugas, ya que si tienes por costumbre -como veremos- no retirar el maquillaje adecuadamente, los residuos que quedan pueden evitar que la piel se oxigene debidamente.

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¿Qué producto de limpieza facial escoger?

Para que la limpieza facial pueda proporcionar los máximos beneficios, no hay duda que es imprescindible usar una fórmula adecuada para nuestro tipo de piel. Eso sí, el agua micelar es una opción completa apta para cualquier tipo de piel.

Partiendo de ello, a continuación te descubrimos algunos consejos básicos:

  • Si la piel es sensible o reactiva. Lo mejor es optar por un limpiador suave, que no contenga componentes irritantes o agresivos. Son ideales fórmulas sin jabón, perfume o alcohol, y que preferiblemente no requieran de enjuague o aclarado, a ser posible con activos calmantes, como el pepino o la manzanilla. El agua micelar es una de las mejores opciones.
  • Si la piel es seca. Puedes recurrir a un tratamiento rico, capaz de conservar la barrera protectora y nutrirla lo suficiente, reduciendo las sensaciones de malestar u opresión. Los aceites vegetales o leches limpiadoras sin alcohol son buenas opciones, enriquecidas con ingredientes emolientes o hidratantes, como la glicerina, alantoína o aceite de aguacate.
  • Si la piel es mixta o grasa. Debes usar un limpiador no comedogénico que exfolie ligeramente para eliminar las bacterias y evitar que los poros se obstruyan, y mantenga un nivel de hidratación suficiente. Las espumas limpiadoras o geles refrescantes con acabados no grasos pueden ser útiles. Al igual que el agua micelar, nuevamente.
  • Si la piel tiene tendencia al acné. Es posible escoger una fórmula purificante que ayude a suavizar la epidermis, limpiando los poros, combatiendo las erupciones y, sobre todo, controlando la producción de sebo. Es ideal un gel ligero, enriquecido con ingredientes exfoliantes, como podría ser el caso del ácido salicílico.

Qué es la limpieza facial

¿Qué desmaquillante usar?

Lo cierto es que, en el caso de los desmaquillantes, también puedes usar algunas de las fórmulas y opciones que te hemos comentado en el apartado anterior. Pero también dependerá del tipo de maquillaje.

Por ejemplo, un desmaquillador graso (por ejemplo, un aceite vegetal desmaquillante o alguna leche limpiadora especialmente diseñada para ello) puede ser más adecuado para desmaquillar productos con fórmulas duraderas o que sean resistentes al agua.

¿Cómo desmaquillarse correctamente?

Aunque puedes saber más en el artículo El método infalible para desmaquillar la cara correctamente, debes recordar que desmaquillarse no es lo mismo que limpiarse el rostro. De hecho, es el primer paso de la rutina siempre que tengas maquillaje.

Por tanto, si te has aplicado algún producto de maquillaje en el rostro, recuerda que retirarlo es el primer paso, siempre, siguiendo luego con la limpieza facial.

Para evitar la irritación de los ojos, es recomendable remojar una bolita de algodón con el desmaquillador que hayas escogido y colocarlo sobre el ojo, dejando actuar durante al menos 10 segundos.

Seguidamente, masajea ligeramente el párpado y pasa la bola de algodón, presionando ligeramente (lo que ayudará a eliminar el residuo).

Luego, continúa con el área de los labios, utilizando una bolita de algodón empapada en el desmaquillador para eliminar el lápiz labial más rebelde, y continuando con el resto del rostro.

En caso de que estés utilizando un desmaquillante de textura aceitosa, es aconsejable aplicarlo directamente sobre el rostro y masajear con las yemas de los dedos, emulsionando con un poco de agua y, finalmente, enjuagar con agua tibia. Eso sí, el agua micelar es también útil.

¿Y cómo limpiarte el rostro?

Una vez te hayas retirado el maquillaje del rostro, recuerda que siempre es posible que quede algún residuo, por lo que debes continuar con el paso de la limpieza facial. Y, nuevamente, todo dependerá del producto que vayas a usar.

Por ejemplo, en caso de que uses agua micelar, bastará con aplicarlo sobre la piel del rostro (directamente si el envase viene con dosificador a modo de spray), o empapando una bola de algodón y aplicándolo a lo largo del rostro, sin necesidad de enjuague.

En caso contrario, puedes dejar correr un poco de agua tibia sobre el rostro para humedecerlo, y aplicar un poco del limpiador facial sobre una bola de algodón, una toallita o en las palmas de las manos, y aplicarlo masajeando suavemente, con una ligera presión y con movimientos circulares.

Dado que todo dependerá del limpiador, en caso de ser necesario, simplemente debes acabar enjuagando con agua tibia o fría. Y, eso sí, continuar con el resto de la rutina.

Una vez hemos conocido las diferencias entre limpiar y desmaquillar, ¿qué mejor que elegir algún producto ideal para tu tipo de piel?