Lavarse la cara es imprescindible a la hora de mantener una piel lo más sana y limpia posible, luchar contra el enrojecimiento y la acumulación de suciedad y, además, prevenir el envejecimiento prematuro de las células. Pero, ¿cómo hacerlo correctamente? No te pierdas nuestra guía sobre cómo lavarse la cara: paso a paso.

A la hora de tener un cutis radiante, y repeler la aparición de granitos y rojeces, es imprescindible lavarnos el rostro a diario.

En primer lugar, es muy importante lavarse bien las manos antes de empezar con la rutina de cuidado de la piel, ya que las bacterias o gérmenes presentes en ellas pueden acabar arruinando el mejor de los regímenes de belleza.

Luego, es necesario atarse bien el cabello, o ponerse una diadema, de forma que no te pases por alto ninguna zona del rostro. Pero, antes de seguir, te recomendamos que tengas en cuenta los siguientes consejos básicos.

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Recuerda desmaquillarte

No debemos confundir el proceso de desmaquillado con lavarse la cara. En realidad, el desmaquillado se convierte en el primero de los pasos a seguir, pero de ninguna forma debe ser el único cuidado que se debe administrar por la noche.

Este paso es esencial porque los restos de maquillaje obstruyen los poros de la epidermis, impidiendo que la piel respire. Así, la tez pierde su luminosidad natural, pueden aparecer imperfecciones (granos), y el envejecimiento cutáneo se acelera.

Es conveniente comenzar con los ojos, y, seguidamente, eliminar cualquier base que ha podido acabar obstruyendo los poros a lo largo del día. Aunque todo dependerá del tipo de piel que tengas:

  • En caso de pieles secas, es recomendable optar por una leche limpiadora, ya que también proporciona cualidades hidratantes.
  • El agua micelar, como veremos a continuación, es apta para cualquier tipo de piel, aunque es especialmente ideal para pieles delicadas o sensibles.

Por otro lado, los aceites vegetales actúan de manera bastante más específica, lo que dependerá de los distintos principios activos que los compongan. Por ejemplo, el aceite de jojoba es ideal para pieles mixtas y grasas porque la equilibran, y el aceite de almendras dulces calma las pieles sensibles.

Escoge siempre el producto adecuado

Es de vital importancia usar un producto de limpieza facial que haya sido especialmente adaptado a nuestro tipo de piel. Esto se debe a que la piel grasa no tiende a tener el mismo cuidado que la piel muy seca.

De hecho, en muchas ocasiones pensamos que debemos humedecernos la piel del rostro antes de aplicar el producto, pero, sin embargo, esto es un error.

Es imprescindible aplicar el producto limpiador directamente en la cara, con suavidad, en forma circular, y luego enjuagar muy bien. Es aconsejable enjuagar con agua tibia, una temperatura muy suave que ayudará a conseguir una mejor eliminación de impurezas.

Aunque todo dependerá de si has usado o no maquillaje, cuando te vayas a limpiar el rostro, el agua micelar se convierte en una opción excelente.

Esto se debe a que contiene una serie de micelas, que son unas moléculas de pequeñísimo tamaño, capaces de atraer las impurezas, el maquillaje y la suciedad. Luego, el agua en que se encuentran inmersas ayudan a arrastrar todos estos elementos.

Es más, en caso de usar agua micelar posiblemente sepas que no es necesario enjuagar ni aclarar el rostro, ya que bastará únicamente con aplicarse el producto. De esta forma, seguirás rápidamente con el resto de la rutina.

Realiza siempre un enjuague muy suave

Como te comentaremos de manera más detallada en el próximo apartado, el agua muy caliente tiende a dañar la epidermis. Mientras que el agua demasiado fría cierra los poros, impidiendo el efecto positivo que ejerce la limpieza.

Debido a ello, el agua tibia se convierte en la mejor de las opciones. Eso sí, en caso de que te enjuagues con agua del grifo, es mucho mejor pasar luego el agua floral por el rostro con la ayuda de una bolita de algodón, lo que será de muchísima ayuda a la hora de eliminar los restos de cal.

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Acaba con una bruma de agua floral

Antes de proseguir con el resto del régimen de belleza, después de lavarte la cara y el cuello, los expertos aconsejan encarecidamente pulverizar sobre el rostro una bruma de agua floral, lo que ayudará positivamente a la hora de disfrutar de los beneficios de la flor que la compone.

Por ejemplo, el agua floral de aciano ayuda a calmar la piel sensible y descongestionarla; el agua de azahar calma y suaviza las pieles secas; el agua de manzanilla desinflama y calma; y el agua de rosas (muy popular), tonifica y purifica, por lo que es ideal para pieles mixtas.

Seca muy bien tu piel

Es importante secar la piel con mucha suavidad, sin frotar. Esto es aún más imprescindible en caso de tener la piel sensible o seca, ya que corremos el riesgo de dañarla y de eliminar la valiosa barrera hidrolipídica que la protege naturalmente.

¿Lo mejor? Frotar la cara suavemente con la ayuda de una toalla de algodón limpia.

Exfolia con moderación

La exfoliación es muy útil para eliminar de la epidermis las células muertas, afinar la textura y reavivar la luminosidad.

En el caso del exfoliante, este debe aplicarse siempre sobre la piel limpia y húmeda, mediante masajes circulares (aunque es necesario tener especial cuidado con el contorno de los ojos).

A la hora de cuidar la piel, no es recomenda más de dos exfoliaciones a la semana. En el caso de la piel sensible, esta cantidad no debe superar el orden de una por semana.

Algunos errores que debes evitar

Evitar el agua demasiado caliente

En primer lugar, es de vital importancia no lavarse la cara en la ducha, ya que, por lo general, el agua de la ducha suele estar demasiado caliente y, además, la presión tiende a ser demasiado fuerte para la delicada piel del rostro.

Si lo hacemos así, podemos correr el riesgo de perder la película lipídica naturalmente presente en la epidermis, la cual protege naturalmente nuestra piel, por lo que podría acabar secándose y agrietándose. De ahí que sea preferible lavarnos el rostro en el lavabo, siempre con agua tibia.

También es imprescindible olvidarse del jabón o gel de ducha que utilizamos para el resto del cuerpo. Esto se debe a que nuestro rostro requiere de un jabón o agua limpiadora adecuada.

Cómo limpiar la cara

No utilices demasiados productos de limpieza

Es fundamental cuidarnos de limpiar nuestro rostro a diario con productos adaptados a la textura de nuestra piel: seca, grasa, mixta… Pero esto no significa multiplicar los tratamientos, dado que tenderán a apelmazar la epidermis y podrían generar la aparición de muchos granitos.

Es imprescindible tomarse el tiempo necesario para limpiar bien la piel por la noche, sobre todo si tienes por costumbre utilizar maquillaje cada día, o vives en un lugar muy contaminado.

Y suele realizarse preferiblemente en dos etapas, como hemos visto: un aceite, que primero desmaquilla y elimina impurezas y sebo, y luego seguimos con un agua floral o agua micelar, útil para eliminar el resto de la suciedad que ha podido quedar y las imperfecciones.

No abusar de los exfoliantes faciales

Dentro del proceso de limpieza facial, es cierto que los exfoliantes también son imprescindibles. Y son igualmente adecuados para quienes tienen la piel sensible, puesto que también precisan de una limpieza profunda de los poros, pero de manera más delicada.

En este sentido, una exfoliación natural es una opción excelente para eliminar las imperfecciones e iluminar el cutis.

Eso sí, es necesario evitar hacerlo con demasiada frecuencia, ya que se corre el riesgo de acabar dañando la piel (sí, incluso en pieles mixtas o grasas). Por lo que es preferible realizar una exfoliación o un tratamiento exfoliante una o dos veces a la semana, como máximo.

En la actualidad puedes encontrar una amplia variedad de buenos exfoliantes naturales, aunque también es posible hacer tus propias recetas en casa, como es el caso de combinar posos de café o trozos de semilla de albaricoque.

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Tener mucho cuidado con la piel seca

En el caso de tener la piel seca y deshidratada, es de vital importancia intentar ser lo más suaves posible con ella. Y esto implica evitar las toallas ásperas, que sean muy abrasivas para la piel el rostro.

Y, a la hora de secarla, es preferible optar por dar unos golpecitos suaves con un paño igualmente suave, para secarla bien sin dañar la epidermis.

Después de descubrir Cómo lavarse la cara: paso a paso, ¿qué mejor que empezar con la limpieza optando por un buen producto limpiador? Recuerda: escoge el más adecuado para tu tipo de piel.